Nos hemos olvidado de Cabezas José Luis Cabezas era reportero gráfico de la revista Noticias. En la madrugada del 25 de enero de 1997, una banda organizada por oscuros personajes del servicio policial y de la seguridad de un multimillonario lo secuestró frente a su casa en Pinamar. Fue llevado en su propio auto hasta una cava en un camino rural donde lo asesinaron salvajemente, incendiando el automóvil con el reportero adentro. En el caso fue involucrado como autor ideológico el empresario Alfredo Yabrán, quien luego de permanecer prófugo, se suicidó en un campo en la provincia de Entre Ríos. Argentina de los '90. Que arrebato de nostalgia. Ese país dormido en una siesta interminable. Un pueblo fantaseando en su anhelo de pertenencia al "primer mundo", derrochando dinero como si nunca más vería la imagen de la pobreza. El 1 a 1, oh... que fantástico. Nunca se vendieron tantos autos cero kilómetro como en esos años. Aviones de vuelos internacionales iban y venían atestados de pasajeros en multiplicadas frecuencias. Quién no conoció Miami. La "nena" que por ese entonces cumplió los 15, tuvo que viajar a Disney, no podía ser menos que la hija del carpintero de la otra cuadra. En ese contexto social, la Argentina aletargaba un sueño dorado del que nadie deseaba despertar. No era para menos, si lo que se recibía de la prensa eran tendencias macroeconómicas comparables a una nave espacial en plena etapa ascendente. Nada hacía pensar que los motores se estaban quedando sin combustibles, y si alguien se dio cuenta del detalle, cómo iba a decirlo. Tal lo dicho por Cristo alguna vez "quién se pondría a hacer duelo cuando lo que se celebra es una fiesta" -paráfrasis-. En medio de esa "fiesta", en la madrugada del 25 de enero de 1997, José Luis Cabezas fue asesinado por sicarios vinculados al poder económico que se codeaban con el poder político. El caso Cabezas fue resuelto judicialmente. Las evidencias condujeron a un veredicto que sentenció al empresario postal Alfredo Yabrán, a integrantes de su entonces servicios de seguridad y a funcionarios policiales de la bonaerense. De acuerdo a las pericias forenses del gobierno de Entre Ríos, Yabrán se quitó la vida de un escopetazo que desfiguró su rostro, en tanto sus secuaces fueron a parar a la cárcel. Las condenas fueron desde 20 a 27 años en función del grado de compromiso que cada uno de los malvivientes tuvieron en el caso Cabezas. Una ilusión. De a poco, uno a uno fue recuperando su libertad favorecidos por la Ley del 2 x 1 que se aplica por la ineficiencia del servicio de Justicia. Hace poco tiempo recuperó su libertad Gregorio Ríos, ex jefe de la custodia de Yabrán. De acuerdo a las leyes, la sangre de José Luis Cabezas ya fue redimida por el cumplimiento de penas de sus asesinos. En las cárceles de la República Argentina nadie está preso por haber matado al reportero gráfico, a excepción de Gustavo Prellezo, ex oficial de la Policía bonaerense, quien sigue tras las rejas más por negligencia de su defensa que por la causa Cabezas. Apenas han transcurrido diez años, se podría decir "muerto el perro, se terminó la rabia"; la Justicia... bien... ¿y vos? Uno de los grandes defectos de los argentinos es la amnesia colectiva, por supuesto a excepción de los desaparecidos de la última dictadura militar. Al parecer, las otras muertes violentas carecen de entidad para ser contemplados en la política de derechos humanos que lleva adelante el Gobierno nacional. Argentina no sólo es víctima de la inseguridad, sino además de la incapacidad de manejo del Estado para resolver problemas básicos que atañen a los ciudadanos y en consecuencia atentan contra su vida. José Luis Cabezas ha muerto, pero no está solo. Muchos como él, han tenido un desenlace no deseado y jamás aclarado. Su vinculación con el periodismo lo transformó en un ícono, y delante de su retrato, millones de argentinos juraron no olvidarlo.
Beatriz Argañaráz, maestra tucumana desaparecida en 2006; Julio Jorge López, testigo clave del caso Etchecolatz, desaparecido en 2006; adolescentes provincianas asesinadas impunemente. Son sólo ejemplos de casos que continúan sin resolverse hasta el presente y por los que el sistema estatal pareciera no tener ningún apuro. ¡Caso Isabel Perón! ¡La Triple A! Una vez más, hace su estelar aparición la cortina de humo, la distracción social, pasatiempo obligado o favorito que impide a la sociedad de mirarse en el espejo de la realidad, indicando que hay casos "Cabezas" repitiéndose a diario. En todas las épocas y en toda estrategia, las cortinas de humo han funcionado como elementos insustituibles para ocultar realidades antipopulares. Si siempre fue así, por qué sería distinto hoy.
A menos que se recupere la concienciacolectiva sobre lo que verdaderamente sucede, los hechos seguirán demostrando que nos hemos olvidado de Cabezas.

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